La recepción por el 70.º aniversario de la Revolución húngara reunió a diplomáticos y representantes de la cultura y de instituciones cubanas.
La memoria de la Revolución húngara de 1956 también se conmemora lejos de Budapest. Como parte de las celebraciones que las representaciones diplomáticas de Hungría realizan en el exterior, la Embajada en La Habana reunió a sus invitados en una recepción en la que el recuerdo histórico estuvo acompañado por un mensaje de diálogo, dignidad humana y respeto entre naciones con experiencias diferentes.

A la conmemoración fueron invitados los miembros del cuerpo diplomático acreditado en Cuba, así como representantes de la cultura y de instituciones cubanas. Entre los asistentes estuvo la diputada Magda Resik Aguirre, presidenta del Grupo Parlamentario de Amistad Cuba–Hungría y vicepresidenta primera de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

La conmemoración tuvo también un ambiente festivo, con música en vivo, gulash y vinos húngaros. Para esta ocasión especial se unieron Tony Lugones y César «Black Imperator», quienes habitualmente actúan por separado. Una exposición de carteles en español permitió a los invitados acercarse a los acontecimientos de 1956, sus protagonistas y sus consecuencias.
Una memoria de libertad, independencia y dignidad
En su discurso en español, el embajador recordó que la revolución comenzó el 23 de octubre de 1956 con una manifestación estudiantil en Budapest a la que, en pocas horas, se sumaron decenas de miles de ciudadanos.
Aquellas personas, señaló, procedían de distintos grupos sociales y generaciones, pero compartían aspiraciones fundamentales: una Hungría soberana, el respeto a la dignidad humana, una vida pública más libre y la posibilidad de decidir sobre el futuro de su propio país.
«Por eso para nosotros 1956 es ante todo una historia de libertad, independencia nacional y dignidad», expresó.
El diplomático evocó la intervención militar soviética a gran escala iniciada el 4 de noviembre, la derrota de la revolución y la posterior represión, con condenas y ejecuciones. Recordó también a los cerca de 200.000 húngaros que abandonaron el país y encontraron refugio en otros Estados.
Desde esa experiencia, destacó la importancia de la solidaridad internacional, que para Hungría forma parte de su propia memoria histórica.

Las diferencias y los principios compartidos
Uno de los ejes de su intervención fue la diversidad de quienes participaron en la revolución. El embajador subrayó que sus protagonistas no compartían necesariamente las mismas ideas políticas ni imaginaban de igual manera el porvenir.
«Muchos tenían ideas políticas distintas. No todos imaginaban de la misma manera el futuro de Hungría. Pero existían principios capaces de unirlos», afirmó.
Entre esos principios mencionó el derecho a decidir sobre el propio destino, a vivir con dignidad, a ser escuchados y a relacionarse con otros pueblos desde la independencia y la soberanía.
Su reflexión trasladó el significado de aquella experiencia a las relaciones internacionales actuales. Cada nación, explicó, tiene su historia y su manera de recordar el pasado, pero existen valores capaces de acercar a pueblos con trayectorias diferentes.
«Las diferencias entre estados deben abordarse mediante el diálogo y el respeto», sostuvo. Añadió que las relaciones internacionales se fortalecen cuando, además de los intereses, reconocen la dignidad y la soberanía de cada pueblo.

Cuba y Hungría: el valor de escucharse
La referencia a Cuba ocupó un lugar explícito en el discurso. El embajador recordó las relaciones diplomáticas que ambos países mantienen desde hace décadas y destacó el sentido de la diplomacia como espacio de encuentro entre realidades distintas.
«Nuestros dos países son geográficamente distintos y nuestras historias y realidades son diferentes, pero precisamente la diplomacia existe para que países diferentes puedan hablar, escucharse y buscar espacios de cooperación sobre la base de respeto mutuo», expresó.
El diplomático agradeció la presencia de los representantes cubanos, de sus colegas del cuerpo diplomático y de los amigos de Hungría que compartieron la conmemoración. También reconoció el trabajo del equipo de la Embajada en la organización del encuentro.
Las celebraciones nacionales, señaló, pertenecen a cada nación, pero compartirlas con otros pueblos ofrece una oportunidad para conocerse mejor.
Un aniversario que mira hacia el futuro
Al concluir, el embajador planteó preguntas que mantienen su vigencia setenta años después: cómo preservar la dignidad humana, defender la independencia de una nación, garantizar que los pueblos construyan su futuro y resolver las diferencias mediante el diálogo y no mediante la fuerza.
«Cada generación debe encontrar sus propias respuestas», afirmó, antes de señalar la responsabilidad de contribuir a un mundo más pacífico, seguro y basado en el respeto entre las naciones.
Su mensaje final vinculó el homenaje a los muertos, los perseguidos y quienes tuvieron que abandonar sus hogares con una responsabilidad del presente:
«La libertad, la independencia y la dignidad nunca deben considerarse algo dado para siempre».

En La Habana, esa memoria encontró espacio en las palabras, en las imágenes de la exposición y en el encuentro entre los invitados. La recepción permitió recordar una experiencia fundamental de la historia húngara y compartir una reflexión sobre el diálogo y el respeto mutuo entre los pueblos.
Pingback: Magyarország Havannában is 1956-ra emlékezett: párbeszéd és a különbségek tisztelete - Hungría Hoy
Pingback: El embajador de Hungría reúne a KUBANIKUM en su residencia de La Habana - Hungría Hoy