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Un investigador húngaro ayuda a reconstruir la catástrofe del Himalaya

El primer estudio revisado por pares sobre la catástrofe que golpeó el Himalaya el 26 de agosto de 2026 ofrece una reconstrucción más precisa de lo ocurrido. Entre sus autores está el geofísico húngaro György Hetényi, que lleva más de veinte años investigando en Nepal. Los datos indican que el desastre comenzó con un gigantesco desprendimiento de roca y hielo y que la señal sísmica registrada no fue la causa, sino una consecuencia del colapso.

La investigación, publicada el 2 de octubre en la revista científica Seismica, analiza el desprendimiento de la ladera norte de Tsangbu Ri y la posterior riada que recorrió el valle del río Trishuli. La lista de autores reúne a especialistas de Nepal, Suiza, Francia, China, Reino Unido, Estados Unidos y España. György Hetényi trabaja en el Instituto de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Lausana.

Una montaña que hizo vibrar el planeta

El estudio sitúa el comienzo del desastre en un enorme fallo de ladera en Tsangbu Ri, cerca de la frontera entre Nepal y China. La estimación presentada por el grupo apunta a unos 100 millones de metros cúbicos de roca y una cantidad menor de hielo. Al caer, esa masa desencadenó una riada extrema que arrastró agua, barro, bloques y restos por el sistema fluvial.

La escala del fenómeno explica que los sismómetros lo detectaran mucho más allá del área afectada. Los instrumentos situados a unos cien kilómetros del río registraron vibraciones durante horas y la señal del evento principal llegó a observarse a escala mundial. Esto permite estudiar la secuencia incluso en lugares donde el acceso directo sigue siendo difícil.

Sismograma de la catástrofe del Himalaya registrada en Nepal en agosto de 2026
El sismograma separa la señal inicial del desprendimiento y la vibración prolongada causada por la riada. Gráfico: Shiba Subedi / EGU Blogs, CC BY 4.0.

No fue un terremoto ni la rotura de un lago glaciar

Las primeras informaciones atribuyeron el desastre a un terremoto. Sin embargo, el análisis posterior mostró que la fuerte señal sísmica correspondía al propio movimiento de la montaña. Los investigadores localizaron también un pequeño evento de magnitud 2,5 poco antes del colapso, pero el trabajo no lo identifica como la explicación suficiente de una catástrofe de esta dimensión.

Tampoco se encontraron indicios de un gran lago glaciar previo cuya ruptura hubiera provocado la inundación. György Hetényi y Shiba Subedi ya habían explicado, menos de 48 horas después del desastre, que las imágenes de antes y después no mostraban un lago de ese tipo. La riada estaba formada por agua del río, hielo y una enorme cantidad de roca y sedimentos.

El papel de György Hetényi

Según relató György Hetényi a Telex, los investigadores comenzaron a examinar las mediciones inmediatamente después de la catástrofe y presentaron el estudio diez días más tarde. La rapidez fue posible gracias a años de cooperación y a la existencia de estaciones sísmicas en Nepal y China.

El científico húngaro es profesor de geofísica en la Universidad de Lausana y dirige el grupo OROG3NY, dedicado a la estructura y evolución de las cordilleras. Trabaja en el Himalaya desde hace más de dos décadas. Junto con Shiba Subedi puso en marcha en 2017 el programa Seismology at School in Nepal, que forma a docentes, ofrece materiales educativos y mantiene una red escolar de sismómetros con datos abiertos.

Una calle de Rasuwa cubierta de barro y escombros, con vehículos atrapados y edificios afectados tras la riada de agosto de 2026.
Barro y escombros cubren una calle de Rasuwa tras la riada del 26 de agosto de 2026, con vehículos atrapados y edificios afectados. Fotografía: CSRC/CARE.

Qué se sabe sobre el cambio climático

El artículo de Seismica se centra en las observaciones sísmicas y no presenta el calentamiento global como una causa única demostrada. Otros análisis científicos apuntan a una combinación de factores: pérdida de hielo que antes ayudaba a estabilizar la ladera, deshielo del permafrost en las fracturas de la roca, temperaturas excepcionalmente altas y el posible debilitamiento acumulado desde el terremoto de 2015.

Una evaluación internacional difundida por la Universidad de Newcastle calculó que el cambio climático ya ha elevado aproximadamente 1,5 grados las temperaturas de julio y agosto en la zona. Aun así, sus autores describen una crisis compuesta y advierten que no es posible reducir un desprendimiento de esta complejidad a un solo desencadenante.

Los sismómetros como sistema de alerta

La aportación práctica del estudio va más allá de reconstruir el pasado. El equipo sostiene que una red sísmica regional, combinada con sistemas automáticos capaces de reconocer y clasificar las señales, podría convertirse en una herramienta de alerta temprana. El desprendimiento y la riada producen patrones distintos de los de un terremoto tectónico, y esa diferencia puede ayudar a avisar a las poblaciones situadas río abajo.

No se trata de prometer una predicción exacta del colapso de una ladera. La posibilidad más inmediata es detectar con rapidez que un gran movimiento ya ha ocurrido y ganar minutos valiosos antes de que la avenida alcance otros valles. La catástrofe de agosto mostró, además, que algunas estaciones fluviales fueron destruidas antes de poder transmitir una alerta; una red basada en varios tipos de sensores sería menos vulnerable a un único punto de fallo.

La investigación convierte las vibraciones registradas durante la tragedia en información útil para futuras emergencias. También subraya la importancia de las colaboraciones mantenidas durante años: detrás de la rápida publicación no hay solo tecnología, sino una red de científicos locales e internacionales que ya trabajaba antes de que la montaña se desplomara.

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