Este 10 de septiembre se cumplen 128 años de la muerte de Elisabeth de Baviera, la célebre Sissi, asesinada en Ginebra en 1898. Su muerte conmocionó a Europa, pero en Hungría tuvo un significado especialmente profundo.

Para los húngaros no desaparecía solamente la emperatriz de Austria. Moría Erzsébet királyné, una reina que había aprendido su idioma, cultivado amistades húngaras y convertido el país en uno de sus refugios personales.
Más de un siglo después, su nombre continúa presente en Budapest, en Gödöllő y en la memoria histórica de Hungría.
Pero ¿cómo una princesa bávara, convertida después en emperatriz austríaca, terminó siendo una de las figuras de la monarquía más queridas por los húngaros?
La respuesta está en una relación muy particular entre Sissi y Hungría, construida a través del idioma, la política, las amistades y una profunda afinidad personal con el país.
Una emperatriz que se acercó a Hungría
Elisabeth tenía apenas 16 años cuando en 1854 se casó con el emperador Francisco José y llegó a la corte de Viena.
La rígida etiqueta imperial no tardó en convertirse para ella en una carga. Había crecido en Baviera en un ambiente comparativamente más libre y nunca consiguió sentirse completamente cómoda dentro del ceremonial de los Habsburgo.
Con el tiempo comenzó a desarrollar un interés especial por Hungría.
No fue solamente una simpatía superficial. Aprendió húngaro, esta lengua tan difícil, estudió la historia del país y se rodeó de personas que la acercaron a su cultura y a su sociedad.
Aquello tenía además un significado político.
Hungría no era una provincia cualquiera dentro de los dominios de los Habsburgo. Las heridas de la revolución y guerra de independencia de 1848-1849, sofocada por Austria con ayuda rusa, seguían muy presentes.
En ese contexto, que la propia emperatriz mostrara simpatía por los húngaros no pasó inadvertido.

Ida Ferenczy, una amistad fundamental
Una de las personas decisivas en la relación de Sissi con Hungría fue Ida Ferenczy. La joven húngara llegó al entorno de Elisabeth en la década de 1860 y terminó convirtiéndose en una de sus confidentes más cercanas.
Entre ambas se desarrolló una amistad que duraría décadas. Ferenczy hablaba con Elisabeth en húngaro y la acercó todavía más a la cultura y a la sociedad del país. A través de ese círculo, la emperatriz entró también en contacto con importantes personalidades húngaras.
La relación con Ida resulta importante porque demuestra que el interés de Elisabeth por Hungría no se limitaba a los actos oficiales de la monarquía. Había también una dimensión personal y afectiva.

Hungría y el difícil camino hacia el Compromiso
Durante la década de 1860, Viena buscaba una salida al conflicto político con Hungría.
Después de la derrota austríaca frente a Prusia en 1866, la necesidad de alcanzar un acuerdo se volvió todavía más urgente.
Del lado húngaro, una de las figuras centrales fue Ferenc Deák, conocido posteriormente como “el sabio de la patria”. También desempeñó un papel fundamental el conde Gyula Andrássy.
El proceso culminó en el Compromiso austrohúngaro de 1867, el kiegyezés, que dio nacimiento a la monarquía dual de Austria-Hungría.
A lo largo de los años se ha atribuido a Sissi un papel casi decisivo en ese proceso.
Probablemente sería exagerado convertirla en la arquitecta política del Compromiso. Las negociaciones dependieron de factores políticos, militares y económicos mucho más amplios. Pero sí está fuera de duda que Elisabeth simpatizaba con la causa húngara y favorecía una reconciliación entre Francisco José y Hungría.
En ese sentido, Sissi funcionó como una especie de puente emocional entre la corte imperial y un país que pocos años antes se había levantado en armas contra los Habsburgo.
El día en que Sissi se convirtió en reina de Hungría
El momento culminante llegó el 8 de junio de 1867.
Francisco José y Elisabeth fueron coronados rey y reina de Hungría en la Iglesia de Matías, en Buda. El Archivo Nacional Húngaro conserva abundante documentación sobre aquella ceremonia y confirma la fecha y el complejo ritual de la coronación.
La ceremonia tenía un enorme valor simbólico. Francisco José fue coronado con la Santa Corona de Hungría y prestó el juramento correspondiente. Durante la coronación de Elisabeth, la corona fue colocada simbólicamente sobre su hombro derecho, siguiendo la tradición destinada a las reinas consortes.
Desde ese momento, para muchos húngaros ya no era solamente la emperatriz austríaca. Era Erzsébet királyné. Su reina.

Gödöllő, el refugio húngaro de Sissi
La coronación tuvo otra consecuencia importante en la vida de Elisabeth.
En 1867, el Estado húngaro adquirió y restauró el Palacio de Gödöllő, situado a unos 30 kilómetros de Budapest, y entregó a Francisco José y Elisabeth el derecho de uso del palacio y su parque como regalo de coronación. Elisabeth lo había visitado por primera vez el 11 de mayo de ese año.
Gödöllő se convertiría en uno de sus lugares favoritos. Allí podía alejarse de Viena, montar a caballo, pasear y disfrutar de una vida menos condicionada por la estricta etiqueta imperial.
Para Sissi, Hungría comenzó así a representar también algo muy personal: un espacio de libertad.
No resulta casual que actualmente el Palacio Real de Gödöllő sea uno de los principales lugares de Hungría dedicados a conservar su memoria.
Sissi y Gyula Andrássy: entre la historia y la leyenda
Es difícil hablar de Elisabeth y Hungría sin mencionar a Gyula Andrássy.
Aristócrata, antiguo revolucionario de 1848 y posteriormente primer ministro de Hungría, Andrássy fue una de las figuras políticas más importantes de la época. Elisabeth sentía admiración por él y ambos mantuvieron una relación cercana.
Aquella cercanía alimentó rumores de una posible relación amorosa que han sobrevivido hasta nuestros días y que posteriormente fueron explotados por novelas, películas y relatos populares.
Sin embargo, no existe evidencia histórica concluyente de que fueran amantes.
Lo que sí parece claro es que compartían una fuerte simpatía por Hungría y que Andrássy formó parte del círculo político húngaro con el que Elisabeth mantuvo una especial afinidad.
Aquí resulta importante separar a la Sissi histórica de la Sissi romántica creada posteriormente por la literatura y el cine.
Mucho más que la princesa de las películas
Para millones de personas fuera de Hungría, Sissi sigue estando asociada a las películas protagonizadas por Romy Schneider durante la década de 1950.
Aquella imagen de una princesa alegre y romántica convirtió a Elisabeth en un icono mundial. La verdadera Sissi fue, sin embargo, bastante más compleja.
Era una mujer apasionada por la equitación y los viajes, escribía poesía, cuidaba de manera obsesiva su apariencia física y detestaba gran parte de las obligaciones de la corte.
Con el paso de los años evitó cada vez más las apariciones públicas. También sufrió enormes tragedias familiares.
La más devastadora fue la muerte de su único hijo varón, el príncipe heredero Rudolf, en Mayerling en 1889.
A partir de entonces, Elisabeth vistió prácticamente siempre de negro y pasó largos periodos viajando por Europa.
El asesinato que convirtió a Sissi en leyenda
El 10 de septiembre de 1898, Elisabeth se encontraba en Ginebra.
Mientras caminaba hacia el barco que debía llevarla por el lago, el anarquista italiano Luigi Lucheni se acercó y la atacó con una lima afilada.
Inicialmente se pensó que la emperatriz había sufrido simplemente un golpe. Incluso llegó a subir al barco.
Poco después perdió el conocimiento. La herida había penetrado hasta el corazón. Sissi murió ese mismo día a los 60 años.
El Museo Sissi de Viena recuerda que la noticia del asesinato causó conmoción en toda Europa y que aquella muerte violenta contribuyó decisivamente a transformar a Elisabeth en una figura legendaria.
Hungría convirtió el recuerdo en culto
En Hungría, la reacción tuvo una dimensión especialmente emocional.
La mujer que durante décadas había sido vista como amiga de los húngaros pasó rápidamente a convertirse en símbolo. Su nombre comenzó a aparecer en calles, parques, plazas, monumentos y edificios.
En Budapest permanece una de las huellas más conocidas: Erzsébet híd, el Puente Elisabeth, que cruza el Danubio. También lleva su nombre Erzsébetváros, el VII distrito de Budapest.
Y Gödöllő sigue siendo probablemente el lugar donde resulta más fácil comprender hasta qué punto Sissi llegó a identificarse con Hungría.

¿Por qué los húngaros nunca olvidaron a Sissi?
Quizás porque percibieron en ella algo poco frecuente dentro de la dinastía de los Habsburgo.
Sissi hizo el esfuerzo de aprender su lengua. Se interesó por su cultura. Cultivó amistades húngaras.
Simpatizó con una reconciliación política en uno de los momentos más delicados de las relaciones entre Viena y Budapest. Y pasó largas temporadas en Hungría porque allí parecía sentirse más libre.
Con el paso del tiempo, historia y leyenda terminaron mezclándose.
Y así ocurrió algo extraordinario: una princesa nacida en Baviera, que llegó a Viena para convertirse en emperatriz de Austria, terminó siendo recordada en Hungría sencillamente como: Erzsébet, nuestra reina.