Diez zonas rurales, cien localidades y cerca de 97.000 habitantes participarán en la primera fase del programa Szent István. El Gobierno promete que los vecinos podrán ordenar los proyectos por prioridad. La prueba será comprobar cuánto poder de decisión llega realmente a los pueblos.
Hungría pondrá en marcha un experimento de desarrollo rural en diez microrregiones. Cada una dispondrá de un marco de 1.000 millones de forintos (unos 2,75 millones de euros) para proyectos locales. El programa, llamado Szent István, comienza ahora con la selección de los integrantes de los consejos que prepararán las propuestas.
La idea parece sencilla: partir de las necesidades de varios municipios vecinos, preparar proyectos viables y pedir a sus habitantes que indiquen cuáles consideran más importantes. Si funciona, el Gobierno quiere extender el modelo a otras zonas rurales a partir de agosto de 2027.
¿Qué territorios participan?
Las diez áreas piloto se encuentran alrededor de Zalakaros, Harkány, Bács, Pásztó, Medgyesegyháza, Igal, Tiszaújváros, Gyöngyös, Nyírbátor y Gönc. En conjunto comprenden 100 localidades y 97.288 residentes permanentes. Según los datos presentados por el Ejecutivo, su ingreso medio sujeto al impuesto sobre la renta está un 36,7 % por debajo del promedio nacional.
Conviene distinguir estas microrregiones de las divisiones administrativas habituales. Son agrupaciones de pueblos para planificar proyectos compartidos; no se crea con ellas un nuevo nivel de gobierno.
Los consejos de desarrollo reunirán a integrantes seleccionados mediante convocatoria, expertos designados y coordinadores territoriales. Su tarea será identificar problemas, definir prioridades y reunir propuestas concretas. El Ministerio prevé que en febrero de 2027 los residentes permanentes de 16 años o más puedan ordenar los proyectos preparados según sus preferencias.
¿Qué había antes?

Hungría ya destinaba dinero a sus pueblos. El Magyar Falu Program, iniciado en 2019, abrió convocatorias para localidades pequeñas destinadas, entre otras cosas, a caminos, edificios municipales, guarderías y consultorios. Los municipios ya tenían acceso a ayudas y presentaban sus necesidades.
La diferencia que plantea el nuevo programa está en el método. En vez de limitarse a solicitudes para obras de cada localidad, propone una estrategia compartida entre varios pueblos y una votación local para ordenar los proyectos previamente considerados realizables. Queda por ver cómo se distribuirá el dinero entre municipios con necesidades y capacidades muy diferentes, y qué ocurrirá si la propuesta más popular no resulta técnicamente viable.

¿Y qué pasó con los főispán?
Casi al mismo tiempo, el Parlamento aprobó que las vármegyék vuelvan a llamarse megyék —provincias— y que los főispán, responsables de las oficinas territoriales del Gobierno, recuperen el nombre de kormánymegbízott, o delegado gubernamental. La mayor parte de esos cambios de denominación entrará en vigor el 1 de octubre.
Ambas decisiones forman parte de la nueva etapa política, pero la sustitución del nombre del cargo no transfiere por sí misma sus competencias a los vecinos ni explica cómo se asignarán los fondos del programa Szent István. La relación que merece seguir es otra: si la promesa de dar más voz a los pueblos se traduce en decisiones abiertas, criterios públicos y proyectos que respondan a sus necesidades.
El verdadero examen comenzará cuando se conozcan los miembros de cada consejo, las propuestas descartadas, el resultado de las votaciones y las primeras obras. Entonces podrá medirse si este nuevo modelo cambia la vida de las comunidades rurales.
Conversión orientativa: tipo oficial del Banco Nacional de Hungría del 23 de septiembre de 2026, 1 euro = 363,43 forintos.