Hungría, considerada durante décadas uno de los productores importantes de cereales de Europa Central, se encamina a importar maíz en 2026. El cambio resume la gravedad de una crisis agrícola provocada por sequías recurrentes, temperaturas extremas y una reducción persistente de la humedad del suelo.
El problema ya no se limita a una mala cosecha aislada. Agricultores y especialistas advierten que las condiciones que permitieron cultivar maíz con buenos rendimientos están cambiando. Algunas explotaciones reducen la superficie sembrada o buscan cultivos que soporten mejor la falta de agua.
Del excedente a la necesidad de comprar fuera
Hungría exportaba tradicionalmente parte de su producción de maíz. En 2026, sin embargo, la cosecha nacional no será suficiente para cubrir todas las necesidades del mercado, especialmente las de la ganadería y la industria de piensos.
La Comisión Europea calculó a finales de agosto una cosecha comunitaria de aproximadamente 50,1 millones de toneladas, cercana al nivel más bajo de las últimas dos décadas y alrededor de un 20 % inferior al promedio reciente. Hungría y Rumanía figuran entre los países más afectados.
El verano más seco en más de un siglo
El servicio meteorológico húngaro informó que el país registró su verano con menos precipitaciones desde comienzos del siglo XX. La temperatura media fue la segunda más alta, solo por detrás de 2024.
El maíz necesita agua en momentos muy precisos de su desarrollo. Cuando el calor intenso coincide con la floración o el llenado del grano, las pérdidas pueden ser enormes. La instalación de sistemas de riego tampoco resuelve por sí sola el problema si ríos, acuíferos y embalses disponen de menos agua.

Consecuencias para los alimentos
El maíz no solo se consume directamente. Es una materia prima esencial para alimentar animales y producir numerosos alimentos y derivados industriales. Si Hungría debe importarlo a precios más altos, el coste puede trasladarse a la carne, los huevos, los productos lácteos y otros componentes de la cesta familiar.
El Banco Nacional de Hungría ha advertido que los efectos climáticos sobre la agricultura podrían volver a presionar la inflación alimentaria en 2027. A la sequía nacional se añaden el aumento de los precios mundiales de cereales, fertilizantes y energía.
Un cambio para el campo húngaro
Algunos productores están reemplazando el maíz por girasol u otros cultivos más resistentes. Pero esa adaptación requiere semillas, conocimiento, maquinaria, seguros y un sistema de gestión del agua más eficiente. También obliga a revisar una política agrícola que durante mucho tiempo dio por segura la disponibilidad de lluvias y la fertilidad de la llanura húngara.
La importación de maíz puede resolver una necesidad inmediata, pero no la causa estructural. La pregunta de fondo es qué podrá cultivar Hungría de manera sostenible si los veranos extremadamente secos dejan de ser excepcionales.