La decisión, sin precedentes por su magnitud, marca una nueva distancia con Moscú y constituye una de las señales más claras del giro de la política exterior húngara tras el final de los gobiernos de Viktor Orbán. Rusia ya ha prometido una respuesta “dura y dolorosa”.

Hungría anunció este martes, 8 de septiembre de 2026, la expulsión de diez miembros de la representación diplomática rusa en Budapest por realizar actividades que las autoridades consideran incompatibles con su condición de diplomáticos.
La decisión fue comunicada por la ministra de Asuntos Exteriores, Anita Orbán, quien precisó que, pese a compartir apellido con el ex primer ministro Viktor Orbán, no existe parentesco entre ambos.
Según explicó la ministra, las autoridades húngaras determinaron que los diez integrantes de la misión rusa habían desarrollado actividades que, conforme a la Convención de Viena, “no son aceptables por parte de un diplomático”.
Por esa razón se les pidió abandonar el territorio húngaro.
“La decisión protege la seguridad y la soberanía de Hungría”, señaló la ministra.
Anita Orbán subrayó, sin embargo, que la medida no supone una ruptura de las relaciones diplomáticas con Rusia y que Budapest pretende mantener el diálogo necesario con Moscú sobre la base del respeto mutuo y del cumplimiento de las reglas internacionales.
La expulsión de diez integrantes de una misma representación rusa de una sola vez no tiene precedentes de esta magnitud en Hungría.
¿Diplomáticos o agentes de inteligencia?
El Gobierno húngaro no ha identificado públicamente a los expulsados ni ha informado qué actividades concretas realizaban.
Sin embargo, la fórmula utilizada por la ministra tiene un significado bastante específico dentro del lenguaje diplomático.
András Rácz, especialista en Rusia y subdirector general responsable de investigación y asuntos científicos del Instituto Húngaro de Asuntos Exteriores, explicó que la expresión “actividad incompatible con el estatus diplomático” tradicionalmente se utiliza para referirse a actividades de inteligencia.
Según su interpretación, Hungría estaría expulsando a diez agentes de inteligencia rusos que operaban en Budapest bajo cobertura diplomática.
Por tanto, aunque oficialmente el Gobierno habla de diplomáticos que violaron las normas de la Convención de Viena, expertos húngaros consideran que se trata en realidad de miembros de los servicios de inteligencia rusos.
Telex llegó a la misma conclusión al analizar el mensaje gubernamental, aunque conviene mantener la distinción entre lo comunicado oficialmente por Budapest y la interpretación especializada de esa terminología diplomática.

Una decisión histórica para Hungría
Para comprender la dimensión del acontecimiento hay que mirar hacia atrás.
Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, los Estados miembros de la Unión Europea han expulsado a más de 600 agentes de inteligencia rusos que operaban bajo cobertura diplomática, según los datos citados por András Rácz.
Hungría había permanecido prácticamente al margen de esta política.
Rácz sostiene que el país era el único miembro de la Unión Europea donde no se había producido hasta ahora una expulsión pública de esta magnitud.
Con la decisión del 8 de septiembre, Budapest se suma de manera visible a los esfuerzos de sus aliados europeos y de la OTAN para reducir las capacidades de inteligencia rusas dentro del territorio comunitario.
Según la lista oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores citada por el especialista, antes de esta decisión había 47 diplomáticos rusos acreditados en Hungría, acompañados por 41 cónyuges.
No existe información pública que permita determinar cuántos de esos diplomáticos mantienen vínculos con los servicios de inteligencia.
Rácz recordó, no obstante, que una investigación rusa realizada a partir de fuentes abiertas consiguió relacionar previamente a 15 de los 47 diplomáticos acreditados en Budapest con diferentes servicios secretos rusos.
Budapest, durante años bajo sospecha de ser un centro de operaciones rusas
Las actividades de inteligencia rusas en Hungría venían siendo objeto de investigaciones periodísticas desde hacía años.
El periodista de investigación Szabolcs Panyi, entre otros, documentó el amplio margen de actuación del que gozaron determinados operadores rusos durante la etapa anterior.

Uno de los casos más llamativos se conoció después de las elecciones de abril de 2026.
Artur Sushkov, tercer secretario de la Embajada rusa en Budapest, fue obligado a abandonar Hungría junto a su esposa el pasado 4 de mayo.
Según una investigación de VSquare basada en varias fuentes gubernamentales húngaras, Sushkov habría sido identificado por las autoridades como oficial encubierto del Servicio de Inteligencia Exterior ruso, el SVR, y durante años habría recopilado información y establecido contactos en círculos académicos y centros de pensamiento próximos al anterior gobierno.
La investigación sostiene además que el contraespionaje húngaro había recomendado su expulsión ya en febrero, pero que la decisión no se ejecutó hasta después de la derrota electoral de Viktor Orbán.
A diferencia de los diez casos anunciados ahora, aquella expulsión se realizó discretamente.
Moscú promete una respuesta “dura y dolorosa”
La reacción rusa no tardó en llegar.
La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zajárova, anunció que Moscú responderá a la decisión húngara.
“La respuesta al lobby rusófobo de Budapest será dura y dolorosa”, declaró Zajárova a la agencia estatal rusa TASS.
El Gobierno ruso no ha detallado todavía qué medidas adoptará.
La práctica diplomática habitual en situaciones similares consiste en aplicar una respuesta proporcional o “medida espejo”, mediante la expulsión de diplomáticos del país que tomó la decisión inicial.

El embajador ruso en Budapest, Evgeny Stanislavov, calificó por su parte la decisión húngara de escalada injustificada y adelantó que habría represalias.
De la relación privilegiada con Moscú a una nueva política exterior
Pero esta expulsión va mucho más allá de una disputa entre embajadas.
Constituye probablemente una de las señales más contundentes hasta ahora del cambio de política exterior iniciado por el Gobierno de Péter Magyar tras las elecciones de abril.
Durante buena parte de sus dieciséis años en el poder, Viktor Orbán construyó una relación excepcionalmente estrecha con Moscú para los estándares de la Unión Europea.
Después de la invasión rusa de Ucrania en 2022, Budapest mantuvo numerosos vínculos políticos y económicos con el Kremlin, cuestionó o bloqueó determinadas iniciativas europeas contra Rusia y defendió la continuidad de importantes relaciones energéticas con Moscú.
Entre ellas destaca Paks II, el proyecto de ampliación de la única central nuclear húngara, desarrollado con participación rusa.
La posición de Budapest provocó durante años fuertes tensiones con sus socios europeos y llevó a que diferentes analistas describieran a la Hungría de Orbán como uno de los principales puntos de apoyo político de Moscú dentro de la Unión Europea.
Péter Magyar envía dos mensajes
La expulsión puede interpretarse también como un mensaje dirigido a dos destinatarios diferentes.
El primero es Moscú.
El nuevo Gobierno parece querer dejar claro que la relación bilateral continuará, pero que Hungría ya no ofrecerá el mismo margen de actuación que existió durante la etapa anterior.
El segundo mensaje está dirigido a Bruselas, la OTAN y los servicios de inteligencia de los países aliados.
Telex señala que durante los últimos años se había deteriorado la confianza de determinados socios occidentales hacia las autoridades húngaras precisamente por la cercanía del anterior Gobierno con Rusia.
Por ello, actuar contra presuntos agentes rusos bajo cobertura diplomática puede leerse también como una señal de que Budapest pretende recuperar plenamente esa confianza.
No significa romper con Rusia
Hay, sin embargo, un elemento importante que no debe perderse de vista.
Hungría no está rompiendo relaciones con Moscú.
La propia Anita Orbán insistió en ello.
El Gobierno de Péter Magyar parece apostar por sustituir la relación privilegiada del pasado por una relación más parecida a la que mantienen otros Estados de la Unión Europea con Rusia: diálogo cuando sea necesario, cooperación allí donde resulte posible y límites claros cuando estén en juego la seguridad nacional o los compromisos con los aliados.
Reuters señala que el nuevo Ejecutivo continúa considerando a Rusia un interlocutor necesario, especialmente dada la importancia de las relaciones energéticas, pero pretende reducir la dependencia unilateral de Moscú y reconstruir la confianza con la Unión Europea y la OTAN.

El precio del giro
La nueva política tampoco estará libre de costes.
Rusia ya ha anunciado represalias y es probable que diplomáticos húngaros sean expulsados de Moscú.
También existe la posibilidad de que las crecientes tensiones se trasladen a otros ámbitos de la relación bilateral, particularmente aquellos relacionados con energía, comercio y Paks II.
Desde Rusia ya han surgido voces que advierten de posibles consecuencias para proyectos económicos conjuntos, aunque por el momento no existe ninguna decisión concreta en ese sentido.
Una casa que comienza a ordenar sus relaciones con Moscú
Todavía quedan preguntas importantes.
No conocemos los nombres de los diez expulsados.
Tampoco sabemos qué operaciones específicas habrían realizado ni por qué el Gobierno decidió actuar precisamente ahora.
András Rácz reconoce que tampoco dispone de una explicación exacta sobre el momento elegido.
Pero la dimensión política de la medida es difícil de ignorar.
El país que durante años fue señalado por sus socios europeos como demasiado permisivo con la presencia y las actividades rusas comienza ahora a aplicar reglas similares a las del resto de sus aliados.
La expulsión de diez miembros de la representación rusa no supone el final de las relaciones entre Budapest y Moscú.
Sí representa, sin embargo, el final visible de una excepcionalidad húngara.
Y quizá ahí esté la verdadera dimensión de la noticia: Hungría no está anunciando que deja de hablar con Rusia.
Está diciendo que, a partir de ahora, quiere hacerlo desde otra posición y con otras reglas.