Apenas tiene 40 años, pero lleva casi un cuarto de siglo pensando en cómo funciona Budapest y cómo podría funcionar mejor. Dávid Vitézy pasó del activismo juvenil a dirigir el BKK, estuvo a solo 293 votos de convertirse en alcalde de la capital y hoy, como ministro de Transporte e Inversiones del Gobierno de Péter Magyar, tiene en sus manos algunos de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de Hungría. Una reciente encuesta lo sitúa incluso por delante del primer ministro en popularidad.

Hay políticos que construyen su imagen con grandes discursos. Vitézy lo ha hecho hablando de autobuses, tranvías, trenes, estaciones y mapas, y parece que esa fórmula funciona. La última encuesta de Europion, realizada en septiembre, coloca al actual ministro en el primer puesto de popularidad entre las figuras políticas húngaras. El 52% de los encuestados afirma que le gustaría verlo desempeñando un papel público importante, tres puntos por encima de Péter Magyar.
El dato necesita una precisión. No se trata de intención de voto ni significa que Vitézy derrotaría al primer ministro en unas elecciones nacionales. La medición refleja aceptación y valoración personal, pero precisamente por eso resulta interesante. En una política húngara marcada durante años por una fuerte polarización, Vitézy ha logrado construir una imagen que atraviesa parcialmente las fronteras partidistas.
¿Quién es Dávid Vitézy?
Nació en Budapest el 1 de diciembre de 1985 y tiene 40 años. Su relación con el transporte comenzó mucho antes de ocupar un cargo público. Durante la adolescencia ya participaba en la Városi és Elővárosi Közlekedési Egyesület, VEKE, una asociación civil dedicada al transporte urbano y suburbano.
Aquella afición juvenil terminó convirtiéndose en una carrera profesional. Estudió en la Universidad de Tecnología y Economía de Budapest, BME, donde se graduó como economista especializado en desarrollo urbano. Desde muy joven su perfil fue distinto al del político tradicional: antes de entrar de lleno en la vida institucional ya discutía sobre horarios, líneas, conexiones y necesidades del transporte público.
Esa especialización acabaría convirtiéndose en su principal sello político y profesional.
Del activismo juvenil al BKK
Su ascenso fue rápido. En 2010, con apenas 25 años, fue nombrado responsable del recién creado Budapesti Közlekedési Központ, BKK, que se convirtió en el gran centro de coordinación del transporte de Budapest.
Durante esa etapa se impulsaron renovaciones de autobuses y tranvías, nuevos sistemas de información, la expansión de MOL Bubi y otros proyectos que marcaron una modernización importante de la movilidad urbana. También coincidió con la finalización de la línea 4 del metro y con una etapa en la que la gestión del transporte público de la capital empezó a adquirir una identidad institucional mucho más definida.
Después dirigió el Museo Húngaro de Tecnología y Transporte y, a partir de 2020, el Budapest Development Agency, desde donde volvió a involucrarse en grandes proyectos metropolitanos. También fue secretario de Estado de Transporte durante la etapa de Viktor Orbán.
Con el paso de los años consolidó una reputación que sigue siendo probablemente su principal capital político: la del especialista que domina su tema y que rara vez habla de transporte de forma superficial.

¿Por qué gusta tanto?
Ser competente técnicamente no basta para convertirse en popular. En el caso de Vitézy hay algo más.
Su comunicación es directa, muy visual y bastante menos solemne que la de muchos dirigentes. Es habitual verlo explicando proyectos personalmente, recorriendo estaciones, viajando en tren o mostrando mapas. Pero en sus redes también comparte momentos cotidianos, como una visita al Sziget Festival o una fotografía con su gato Henry.
No intenta proyectar constantemente la imagen rígida del ministro. Su carisma tampoco es el de un gran tribuno político. No tiene el estilo de Péter Magyar ni la contundencia retórica asociada a Viktor Orbán. Su atractivo parece estar más cerca del técnico entusiasta que realmente disfruta de aquello que administra.
Esa imagen de profesional especializado, menos ideológico y más orientado a soluciones concretas, ayuda a explicar por qué consigue apoyos en sectores muy distintos.
El hombre que estuvo a 293 votos de gobernar Budapest
El gran salto de especialista a figura política nacional llegó en 2024, cuando se presentó como candidato a alcalde de Budapest frente a Gergely Karácsony.
La elección fue una de las más ajustadas de la historia reciente de la capital y estuvo seguida por recuentos y disputas sobre los resultados. Finalmente Karácsony obtuvo 371.538 votos y Vitézy 371.245, una diferencia de solo 293 votos.
Vitézy reconoció la derrota, pero políticamente salió fortalecido. Había demostrado que podía dejar de ser únicamente “el hombre del transporte” y competir prácticamente de igual a igual por el gobierno de una ciudad de casi dos millones de habitantes.
Desde entonces su figura adquirió otra dimensión.
De rivales a colaboradores
Uno de los giros más interesantes de su historia reciente es precisamente su relación con Karácsony. Dos años después de aquella durísima elección, ambos aparecen colaborando en asuntos fundamentales para la capital.
No significa que hayan desaparecido las diferencias, pero sí se ha abierto una etapa mucho más pragmática. A finales de agosto, Vitézy impulsó la recuperación del Fővárosi Közfejlesztések Tanácsa, el Consejo de Desarrollo Público de Budapest, concebido como una mesa estable de cooperación entre el Gobierno nacional y la capital.
El nuevo organismo contará con cinco representantes del Gobierno y cinco de Budapest, y sus decisiones deberán tomarse por consenso. El primer ministro ocupará la presidencia y el alcalde de la capital la copresidencia.
La imagen resulta simbólica. El hombre que en 2024 intentó sustituir a Karácsony ahora necesita trabajar con él para ejecutar buena parte de su programa urbano. El Ayuntamiento controla una parte esencial de la planificación de Budapest, mientras el Gobierno dispone de recursos, competencias y acceso a fondos europeos. La cooperación, más que una cuestión de simpatía personal, se ha convertido en una necesidad.

Una segunda edad de oro para Budapest
Vitézy ha utilizado una expresión ambiciosa para describir lo que quiere conseguir. Habla de una “segunda edad de oro” para Budapest, en referencia al gran periodo de transformación que vivió la ciudad entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando se construyeron avenidas, puentes, líneas ferroviarias, edificios públicos y una buena parte de la infraestructura que todavía define la capital.
La comparación puede parecer exagerada, pero sirve para entender la escala de sus planes. Su idea no se limita a mejorar algunos horarios o comprar trenes nuevos. Vitézy plantea una transformación profunda de la movilidad y del desarrollo urbano de Budapest durante la próxima década.
Ferrocarril, metro y nuevas conexiones
En julio, el Gobierno de Péter Magyar presentó el Plan de Desarrollo Ferroviario Baross Gábor, uno de los programas de infraestructura más ambiciosos anunciados en los últimos años.
La inversión prevista ronda los 3,55 billones de florines, aproximadamente 10.400 millones de dólares, para un periodo de diez años. Una parte importante de la financiación deberá proceder de recursos de la Unión Europea.
Budapest ocupa un lugar central dentro de ese programa. Entre las prioridades aparecen la modernización de las envejecidas líneas suburbanas HÉV, la mejora de las conexiones ferroviarias metropolitanas y nuevos desarrollos de tranvías.
También vuelve a aparecer una vieja aspiración, la prolongación de la línea M3 del metro hacia Rákospalota-Újpest. Otro proyecto visible es la recuperación del tranvía por Bajcsy-Zsilinszky út, que permitiría volver a conectar importantes zonas del centro de Pest.
Son proyectos que llevan años apareciendo en estudios, planes y debates, pero que ahora tienen una posibilidad mayor de avanzar gracias a la cooperación entre el Gobierno y el Ayuntamiento.

Rákosrendező, mucho más que una estación
Uno de los grandes símbolos de esta nueva etapa puede ser Rákosrendező, una enorme zona ferroviaria degradada que durante años estuvo atrapada entre proyectos, discusiones y planes nunca ejecutados.
Para Vitézy, esos terrenos ofrecen la oportunidad de crear un nuevo distrito urbano con viviendas, espacios verdes, servicios y buenas conexiones de transporte público. Su visión parte de una idea bastante clara: los nuevos barrios deben construirse alrededor del transporte ferroviario y no depender únicamente del automóvil.
En ese sentido, Rákosrendező resume buena parte de su filosofía urbana.
Una figura difícil de encasillar
Otro elemento que explica su atractivo es que Vitézy no encaja fácilmente dentro de las etiquetas políticas tradicionales.
Ha trabajado durante gobiernos vinculados a Fidesz, fue secretario de Estado bajo Viktor Orbán, se enfrentó electoralmente a Karácsony y hoy es ministro del Gobierno de Péter Magyar. A pesar de todo ello, su identidad pública sigue estando mucho más asociada al transporte y al desarrollo urbano que a una ideología partidista concreta.
Eso puede ser una ventaja porque le permite mantener una imagen más transversal, pero también lo expone ahora a una prueba mucho más exigente. Mientras era experto o dirigente urbano podía criticar los proyectos que no avanzaban. Hoy dirige un ministerio y ya no puede limitarse a explicar qué debería hacerse. Tiene que conseguir que ocurra.

El reto empieza ahora
Ese puede ser el punto más interesante del momento actual de Dávid Vitézy. Tiene popularidad, poder ejecutivo y una relación de trabajo con Gergely Karácsony, además de formar parte de un Gobierno dispuesto a impulsar grandes programas de inversión.
También dispone de una oportunidad que muchos especialistas nunca llegan a tener, la posibilidad de ejecutar las ideas que llevan años defendiendo.
Pero transformar una ciudad exige mucho más que buenas intenciones. Los grandes proyectos ferroviarios, las ampliaciones del metro, los nuevos barrios y las líneas de tranvía necesitan años, financiación, permisos, licitaciones y acuerdos políticos. La popularidad puede cambiar rápidamente, mientras las infraestructuras tardan mucho más en hacerse visibles.
Por eso los próximos años serán decisivos. Si una parte importante de esos planes se convierte en realidad, Vitézy podrá dejar una huella muy visible en Budapest. Si no ocurre, su imagen de técnico competente terminará enfrentándose a la misma pregunta que persigue a todos los políticos cuando alcanzan el poder: cuánto de lo prometido fueron capaces realmente de hacer.
Para alguien que comenzó de adolescente pensando en cómo mejorar el transporte de Budapest, difícilmente podría existir una prueba más importante.