Hace 97 años, los espectadores que entraron al Fórum de Budapest vivieron algo que hoy resulta difícil imaginar. Estaban acostumbrados a mirar actores que gesticulaban en silencio, acompañados por música en directo o por los textos que aparecían entre las escenas. Aquella tarde, sin embargo, de la pantalla salieron voces, canciones y sonidos sincronizados con las imágenes. Hungría entraba oficialmente en la era del cine sonoro.
Era el 20 de septiembre de 1929 y la película elegida para aquel acontecimiento fue The Singing Fool, conocida en húngaro como Az éneklő bolond, una producción estadounidense protagonizada por Al Jolson. La histórica proyección tuvo lugar en el Fórum mozi de Budapest, antecesor del actual cine Puskin.

Una revolución que no todos esperaban con entusiasmo
La llegada del sonido parecía inevitable, pero a finales de la década de 1920 no todos los empresarios cinematográficos estaban convencidos de que fuera una buena noticia.
Adaptar una sala resultaba caro. Se necesitaban nuevos equipos de reproducción y había dudas sobre cuánto tiempo duraría aquella moda. Los distribuidores y propietarios de cines húngaros, que hasta entonces podían planificar con meses de antelación la programación de películas mudas, comenzaron a enfrentarse a una enorme incertidumbre.
En Estados Unidos, Warner Bros. experimentaba desde 1926 con el sistema Vitaphone, que permitía sincronizar imágenes y grabaciones sonoras. Un año más tarde, The Jazz Singer, también protagonizada por Al Jolson, se convirtió en uno de los símbolos del comienzo del cine hablado.
Europa no tardaría en seguir el mismo camino.
Una película que casi no llega a estrenarse
La historia de aquella primera proyección húngara tuvo incluso su pequeño drama tecnológico y judicial.
Pocos días antes del estreno, la empresa alemana Siemens-Halske consiguió que fuera incautado temporalmente el equipo de sonido instalado en el Fórum. La disputa tenía que ver con derechos de patente sobre la tecnología suministrada por la estadounidense Western Electric.
El propietario del cine, István Gerő, llegó a enfrentarse a un procedimiento judicial. Finalmente, el día anterior al estreno, las autoridades levantaron la incautación después del depósito de una garantía de 10.000 pengő. La función podía celebrarse.
Budapest se preparó para escuchar la pantalla
La expectación fue enorme. El 20 de septiembre por la mañana se organizó una proyección especial destinada a los censores y a autoridades. Esa misma tarde tuvo lugar el estreno para el público.
La zona alrededor del Fórum fue objeto de medidas especiales de seguridad y por sus puertas pasaron políticos, empresarios, artistas y representantes de la vida cultural de Budapest. La proyección comenzó a las seis de la tarde.
Antes de la película principal, el público escuchó además dos pequeños programas sonoros, una interpretación operística y una actuación de una orquesta de jazz.
Después llegó el momento esperado. Al Jolson apareció en la pantalla y Budapest escuchó una película.
¿Era realmente una película completamente hablada?
No exactamente.The Singing Fool, estrenada originalmente en Estados Unidos en 1928, todavía pertenecía a aquella etapa de transición entre el cine mudo y el sonoro. Conservaba secuencias propias del lenguaje del cine mudo, pero incorporaba canciones, música y fragmentos de diálogo sincronizado.

Precisamente por eso resulta tan interesante. El público de 1929 estaba observando literalmente la transformación de un medio artístico.
La película había obtenido además un enorme éxito internacional y ayudó a demostrar a los estudios cinematográficos que el sonido no era una simple curiosidad tecnológica.
Karinthy y aquella extraña experiencia
Entre quienes acudieron a conocer la nueva invención se encontraba Frigyes Karinthy, una de las grandes figuras de la literatura y el humor húngaros.
La aparición del sonido despertó entusiasmo, pero también ironía y escepticismo. Karinthy llegó a bromear sobre cuál sería el siguiente avance de la industria después de conseguir que las películas hablaran. Fantaseó con un futuro en el que también pudieran transmitir olores o incluso convertirse en algo comestible.
Vista casi un siglo después, la ocurrencia no parece tan extraña en una época de realidad virtual, experiencias inmersivas y salas cinematográficas con movimiento y efectos ambientales.
El comienzo de un cambio irreversible
A partir de aquel estreno, la transformación fue muy rápida. En 1930, los principales cines de Budapest ya comenzaron a instalar equipos de sonido y, durante los años siguientes, la tecnología se extendió por el resto del país.

Sin embargo, todavía faltaba otro paso importante. La película que Budapest escuchó aquel 20 de septiembre era estadounidense. El primer largometraje húngaro íntegramente concebido como película hablada llegaría en 1931 con A kék bálvány —El ídolo azul— protagonizada, entre otros, por Pál Jávor.
Poco después aparecería Hyppolit, a lakáj, una de las películas clásicas más recordadas del cine húngaro.
El Fórum sigue existiendo… y cumple 100 años
Hay además una coincidencia especialmente bonita en esta historia. El lugar donde los húngaros escucharon por primera vez una película sonora celebra en 2026 sus 100 años como cine.
El actual Puskin mozi, situado en la esquina de Kossuth Lajos utca y Semmelweis utca, comenzó a funcionar como sala cinematográfica en 1926, aunque el edificio que lo alberga es todavía más antiguo. Fue diseñado por el arquitecto Győző Czigler y está en pie desde 1895.

Durante este año del centenario, el Puskin ha organizado proyecciones y programas especiales para recordar su larga historia. Y entre los episodios que explican por qué ocupa un lugar particular en la cultura cinematográfica húngara está precisamente aquel 20 de septiembre de 1929, cuando, todavía bajo el nombre de Fórum, acogió la primera proyección de cine sonoro del país.
Cien años después de abrir sus puertas como cine y 97 después de aquella histórica función, el Puskin continúa proyectando películas en pleno centro de Budapest.
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