Drones, literatura, pintura, música y luz transformaron la fiesta nacional húngara en una gran narración audiovisual, en medio también de una polémica por la contratación del evento.
La celebración del 20 de agosto, fiesta nacional de Hungría, convirtió este año al Danubio y a los alrededores del Parlamento en un gigantesco escenario al aire libre.
Pero el espectáculo de 2026 fue mucho más que una exhibición de fuegos artificiales.
Durante 32 minutos, Budapest sirvió de escenario para contar simbólicamente mil años de historia húngara mediante una combinación de proyecciones monumentales, música, literatura, drones, iluminación arquitectónica y pirotecnia. La producción, titulada “Fejezetek a magyar nemzet 1000 éves történetéből” —“Capítulos de los mil años de historia de la nación húngara”— estuvo organizada en seis grandes momentos.
El relato comenzaba con “A folyók országa”, “El país de los ríos”, una evocación de la cuenca de los Cárpatos. Seguían “A megérkezés”, “La llegada”, y “A döntés”, “La decisión”, referencia al momento en que la fundación del Estado cristiano vinculó definitivamente a Hungría con Europa.
Después llegaban “Az ezeréves áramlás”, “El fluir de mil años”; “A szabadság hangja”, “La voz de la libertad”; y, finalmente, “A fény”, “La luz”.
La historia húngara convertida en imágenes
El espectáculo recurrió constantemente a símbolos de la historia y la cultura nacional.
Sobre el Parlamento, el Puente de las Cadenas y varios edificios de la ribera de Pest aparecieron referencias al Feszty-körkép, al manto de coronación, a sellos y medallones medievales y a obras inspiradas en pintores históricos como Gyula Benczúr y Bertalan Székely. Entre ellas figuraron también las conocidas representaciones de las mujeres de Eger.
Uno de los momentos centrales fue “A szabadság hangja” — “La voz de la libertad”.
Ese capítulo enlazaba diferentes luchas por la independencia y la libertad hasta llegar al siglo XX y a la Revolución de 1956, uno de los acontecimientos más simbólicos y dolorosos de la historia contemporánea húngara.
Más que una cronología escolar, el espectáculo construía una sucesión de imágenes, palabras y símbolos alrededor de una idea que reaparece una y otra vez en la historia del país: la búsqueda de libertad, independencia y dignidad nacional.
El último capítulo, “A fény” — “La luz”, llevaba el relato hacia el presente y el futuro.
Después de guerras, ocupaciones, revoluciones y reconstrucciones, la luz aparecía no solo como recurso visual, sino también como metáfora.
Literatura en lugar de una simple narración histórica
Otro de los elementos más originales fue el uso de la literatura.
El escritor y divulgador Krisztián Nyáry preparó el prólogo de la producción y seleccionó fragmentos literarios para acompañar los diferentes capítulos.
Eso permitió evitar una narración convencional del tipo “primero ocurrió esto y después aquello”.
La historia se contaba mediante versos, textos literarios, música e imágenes.
La banda sonora tampoco siguió el modelo solemne habitual de muchas celebraciones oficiales. Participaron Balázs Zságer, DJ Bootsie e iamyank, integrando música contemporánea dentro de una narración profundamente histórica.
El resultado fue una mezcla poco habitual de literatura, pintura, historia, arquitectura y tecnología.
Dos mil drones y menos protagonismo para los fuegos artificiales
Uno de los cambios más visibles respecto a años anteriores fue la reducción del papel central de la pirotecnia.
Los fuegos artificiales continuaron formando parte del espectáculo, pero dejaron de ser su único protagonista.
Aproximadamente 2.000 drones participaron en una gran coreografía aérea sobre el Danubio, mientras proyecciones monumentales e iluminación transformaban el Parlamento, el Puente de las Cadenas y la ribera de Pest.
El Danubio terminó convertido prácticamente en un teatro al aire libre.
Un espectáculo organizado contrarreloj
La historia detrás de la producción fue también excepcional por el poco tiempo disponible.
Según las informaciones publicadas sobre la preparación, el equipo creativo trabajó con un calendario muy reducido para desarrollar simultáneamente el diseño, las animaciones, el mapping, la música, los drones y la pirotecnia.
La producción contó con un equipo creativo de más de treinta personas y alrededor de veinte especialistas en proyecciones y light mapping. La realización estuvo dirigida por Dániel Besnyő, con Mátyás Kálmán al frente del equipo artístico.
Una fuerte reducción del presupuesto
Otro de los elementos que más atención despertó fue el coste.
Besnyő aseguró posteriormente que las celebraciones de este año se realizaron por alrededor de 4.000 millones de forintos, frente a aproximadamente 17.000 millones en años anteriores. Según su explicación, el nuevo concepto apostó por una organización más eficiente y por una estructura de producción diferente.
La diferencia fue notable y se convirtió rápidamente en uno de los argumentos políticos alrededor del evento.
Sin embargo, la contratación no quedó libre de controversia.
La polémica por la contratación
Días después de la celebración aparecieron informaciones sobre comunicaciones previas entre responsables de la empresa posteriormente ganadora y compañías vinculadas a la organización de años anteriores.
Los correos publicados indicaban que Hardrock Kft., posteriormente adjudicataria, había solicitado con antelación información sobre presupuestos, proveedores y elementos técnicos del espectáculo. Esto generó acusaciones de que la licitación podía haber estado orientada de antemano.
Márk Radnai, cuyo nombre aparecía copiado en parte de esa correspondencia, negó cualquier intervención en el proceso de contratación.
Radnai afirmó que su participación se limitó a colaborar en la concepción creativa del espectáculo y aseguró que no tenía competencias en la organización ni en la licitación. También declaró que no había leído los correos y que conoció su contenido posteriormente a través de la prensa.
Por su parte, Dániel Besnyő rechazó también las acusaciones de irregularidad.
Explicó que había solicitado información a antiguos organizadores para comprender los costes reales del evento, pero que él no gestionó el procedimiento de contratación. Según Besnyő, su empresa fue invitada oficialmente a presentar una oferta por la Agencia Nacional de Organización de Eventos. También anunció acciones legales contra algunas de las acusaciones formuladas públicamente.
La controversia pasó finalmente al terreno institucional. El Ministerio del Interior abrió una investigación para esclarecer las circunstancias del procedimiento, mientras representantes de la oposición y de Fidesz pidieron aclaraciones adicionales ante las autoridades competentes.
La existencia de una investigación no implica por sí misma que se haya demostrado alguna irregularidad; por ahora, lo que existe es una disputa política y administrativa sobre cómo se gestionó el proceso.
Más que fuegos artificiales
Más allá de la polémica, el resultado artístico fue difícil de ignorar.
Durante poco más de media hora, Budapest dejó de ser simplemente el lugar donde se celebraba el espectáculo para convertirse en parte de la propia narración.
El Parlamento, el Puente de las Cadenas, el Danubio y el cielo de la ciudad fueron utilizados como elementos de una obra audiovisual que intentó resumir, mediante imágenes y símbolos, un milenio de historia húngara.
Los fuegos artificiales dejaron de ser el espectáculo.
El espectáculo fue Hungría.
Imágenes: fuentes oficiales del Gobierno de Hungría.