Hace apenas cinco meses, Zsolt Hegedűs se hizo conocido entre millones de húngaros bailando durante la noche electoral. Hoy, convertido en ministro de Salud, tiene ante sí una decisión bastante menos festiva: qué hacer con la controvertida “norma del latido fetal”. Médicos, organizaciones de mujeres, defensores de la vida y las principales iglesias han pasado ya por su mesa. La decisión todavía no está tomada.
La imagen recorrió las redes sociales. En la noche de las elecciones del 12 de abril, Zsolt Hegedűs, entonces futuro ministro de Salud, celebraba bailando junto al Danubio. El video superó rápidamente 1,4 millones de visualizaciones y convirtió al cirujano ortopédico en uno de los rostros más reconocibles del nuevo Gobierno.
Cinco meses después, aquel hombre sonriente tiene sobre su escritorio uno de los asuntos que más intensamente divide a las sociedades: el aborto.
Y, en concreto, una pregunta que Hungría arrastra desde 2022: ¿debe mantenerse la llamada szívhangrendelet, popularmente conocida como la “norma del latido fetal”?
Hegedűs todavía no ha dado una respuesta. Lo que sí ha hecho es abrir una amplia consulta con médicos, organizaciones civiles, defensores de los derechos de las mujeres, grupos provida, bioeticistas y representantes religiosos.

El aborto es legal en Hungría, pero bajo determinadas condiciones
La legislación fundamental sigue siendo la Ley LXXIX de 1992 sobre la protección de la vida fetal. En términos generales, permite interrumpir un embarazo hasta la semana 12 cuando existe grave peligro para la salud de la embarazada, riesgo médico importante para el feto, cuando el embarazo es consecuencia de un delito o cuando la mujer se encuentra en una denominada “situación de crisis grave”.
La ley considera esa crisis como una situación capaz de provocar una conmoción física o psicológica o hacer socialmente inviable la situación de la mujer. No es necesario demostrarla documentalmente.
Existen además circunstancias excepcionales que permiten la interrupción después de las doce semanas, entre ellas determinados diagnósticos tardíos, errores médicos o anomalías fetales graves.
El camino hasta la intervención
Cuando la interrupción no responde directamente a una indicación médica, la mujer debe presentar un certificado ginecológico y acudir al Servicio de Protección de la Familia. En los casos basados en una situación de crisis grave se requieren al menos dos sesiones gratuitas de asesoramiento antes del procedimiento.
El aborto farmacológico no está actualmente autorizado como método de interrupción del embarazo en Hungría. El procedimiento habitual hasta la semana 12 es quirúrgico, principalmente mediante aspiración al vacío.
La posible introducción regulada del aborto farmacológico es precisamente uno de los asuntos que ahora estudia el Ministerio de Salud, junto con el acceso a la anticoncepción de emergencia.
¿Qué es realmente la “norma del latido”?
El 15 de septiembre de 2022, durante el gobierno de Viktor Orbán, entró en vigor una modificación que pasó rápidamente a ser conocida como szívhangrendelet, literalmente “decreto del latido del corazón”.
La expresión, sin embargo, simplifica lo que dice jurídicamente la norma.
El médico debe certificar que presentó a la embarazada, de manera claramente identificable, un indicador del funcionamiento de las funciones vitales fetales antes de que continúe el procedimiento. La regulación no establece literalmente que todas las mujeres tengan que escuchar un corazón latiendo.
Esa diferencia ha adquirido ahora enorme importancia.
Hegedűs ha subrayado que visualizar mediante ecografía la actividad cardíaca y convertir esa actividad en sonido audible mediante Doppler no son exactamente lo mismo desde el punto de vista médico.
El ministro también ha cuestionado el procedimiento mediante el cual se introdujo la medida. Según explicó, faltaron entonces suficientes análisis médicos, bioéticos y de derechos de los pacientes, y la sección de Obstetricia y Ginecología del Colegio Profesional de Salud tampoco consideró profesionalmente necesaria la norma.
La cuestión de fondo es delicada: ¿debe una técnica médica utilizarse únicamente para informar o también para intentar influir sobre una decisión?

¿Funcionó la medida?
Los abortos han disminuido fuertemente en Hungría durante las últimas décadas, pero esa tendencia comenzó mucho antes de 2022.
Según la Oficina Central de Estadística de Hungría, en 2025 se realizaron aproximadamente 20.400 interrupciones voluntarias del embarazo, unas 140 más que en 2024. Fueron 9,9 abortos por cada mil mujeres en edad fértil.
Una investigación publicada en julio de 2026 por la economista Ágnes Szabó-Morvai examinó datos oficiales entre 2019 y 2024 y no encontró evidencia estadística de que la introducción de la norma del latido hubiera reducido significativamente la proporción de abortos.
El estudio señala que el descenso observado forma parte de una tendencia anterior a 2022 y no identifica una ruptura clara después de la entrada en vigor de la regulación. También advierte de una limitación importante: las estadísticas húngaras no incluyen los abortos realizados en el extranjero.
Quienes defienden mantener la medida consideran, sin embargo, que no debe juzgarse únicamente por las cifras y subrayan la protección de la vida fetal como un principio en sí mismo.
Vera Mérő y las historias detrás de las estadísticas

Una de las voces más conocidas en este debate es la escritora y activista por los derechos de las mujeres Vera Mérő.
Cuando se introdujo la regulación en 2022, Mérő y la escritora Éva Péterfy-Novák pidieron a mujeres que hubieran pasado por un aborto que contaran sus experiencias. Recibieron más de un centenar de testimonios.
De ellos surgió el libro Abortusztörténetek —Historias de aborto—, que reunió 55 relatos.
Mérő ha sido claramente crítica con la szívhangrendelet. Considera que utilizar el latido o la representación de la actividad fetal con el objetivo de provocar culpabilidad añade presión emocional a una mujer que ya atraviesa una decisión difícil.
Hasta ahora no existe una declaración reciente suya específicamente sobre la consulta abierta por Hegedűs, pero su posición sobre la regulación de 2022 está ampliamente documentada.
También hablan quienes quieren proteger la vida fetal
El Gobierno no ha limitado las consultas a quienes desean modificar la norma.
El 11 de septiembre, Hegedűs recibió a representantes de las principales confesiones cristianas y de la comunidad judía. Participaron dirigentes bautistas, pentecostales, greco-católicos, luteranos, reformados y católicos, además del rabino jefe Zoltán Radnóti.
La Iglesia Reformada considera la cuestión especialmente importante desde una perspectiva de protección de la vida.
Pero durante esas reuniones surgió también otra cuestión central: qué apoyo real recibe una mujer que desea continuar su embarazo y atraviesa dificultades económicas, familiares o psicológicas.
Representantes religiosos plantearon la necesidad de reforzar la ayuda social, sanitaria y psicológica, ampliar los servicios para madres y familias y aumentar también la responsabilidad de los padres.

Las organizaciones de mujeres también llegaron a la mesa
Antes de las iglesias habían sido escuchadas las organizaciones civiles.
El 30 de julio, alrededor de cuarenta organizaciones, expertos y representantes profesionales participaron en una primera gran consulta del Ministerio de Salud.
Entre ellas estuvieron Amnesty International Hungría, EMMA, NANE, Patent y TASZ, junto con médicos, matronas, farmacéuticos, bioeticistas, doulas y asociaciones relacionadas con la maternidad y el parto.
Una parte importante de estas organizaciones defendió eliminar o modificar sustancialmente la regulación actual, facilitar el acceso a la anticoncepción de emergencia y estudiar la introducción del aborto farmacológico.
También participaron organizaciones que se oponen a eliminar la norma.
Es decir, alrededor de la misma mesa siguen existiendo posiciones muy difíciles de conciliar.
Un ministro con profundas raíces religiosas
Hegedűs es médico y miembro de la Iglesia Reformada. Su padre, Loránt Hegedűs, fue pastor y obispo reformado, y dos de sus hermanos también son pastores.
El ministro, sin embargo, ha insistido en separar sus convicciones personales de la necesidad de fundamentar la regulación sanitaria en criterios médicos, bioéticos y de derechos de los pacientes.
Ese contraste convierte su posición en especialmente interesante.
No se trata simplemente de una discusión entre médicos y religiosos, ni entre izquierda y derecha. En cada uno de esos espacios existen diferencias y matices.
Mucho más que escuchar o no escuchar un corazón
Reducir este debate a si una mujer debe o no escuchar un latido sería quedarse en la superficie.
Hungría está discutiendo al mismo tiempo sobre la protección jurídica de la vida fetal, la autonomía de la mujer, el papel del médico, la información que debe proporcionarse antes de una decisión irreversible y la responsabilidad del Estado de ayudar a quien quiere continuar un embarazo pero siente que sus circunstancias se lo impiden.
También está discutiendo sobre anticoncepción de emergencia y sobre por qué el aborto farmacológico, utilizado en numerosos países europeos, continúa sin estar disponible en Hungría.
Hungría espera
Quizás por eso la decisión de Hegedűs será bastante más difícil que aquel baile que lo convirtió inesperadamente en una celebridad.
Esperan quienes consideran que presentar la actividad vital fetal ayuda a proteger una vida que todavía no puede defenderse.
Esperan las mujeres y organizaciones que consideran que esa práctica introduce una presión emocional innecesaria.
Esperan los médicos, que reclaman que cualquier procedimiento tenga una justificación clínica.
Y esperan también las iglesias, las organizaciones civiles y muchas familias que saben que detrás de una decisión de continuar o interrumpir un embarazo puede haber pobreza, enfermedad, abandono, miedo o circunstancias que ninguna ley puede resumir completamente.
Después de las consultas de julio y septiembre, el Gobierno todavía no ha anunciado qué hará con la szívhangrendelet.
Tal vez ahí esté precisamente el desafío.
No se trata únicamente de decidir si permanece o desaparece una norma aprobada en 2022. Se trata de determinar si Hungría puede construir una política sobre el aborto que combine evidencia médica, protección de la vida fetal, autonomía y dignidad de las mujeres y apoyo real a quienes atraviesan un embarazo en situación de crisis.
El ministro que se hizo famoso bailando tiene ahora que escuchar muchas voces. Hungría espera su respuesta.
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