Sentado tranquilamente en las escaleras de la Universidad Húngara de Bellas Artes, un hombre dorado ha conseguido durante este verano que peatones se detengan, saquen el teléfono y hasta que algunos automovilistas reduzcan la velocidad en plena avenida Andrássy. Se llama Mihály, nació hace más de un siglo y, aunque parece una escultura metálica, su cuerpo actual salió de varias impresoras 3D.

La llamativa figura forma parte de la exposición A halhatatlanság forrása —La fuente de la inmortalidad—, dedicada al escultor húngaro Alajos Stróbl (1856–1926) con motivo de los 170 años de su nacimiento y el centenario de su muerte. La muestra puede visitarse en la Universidad Húngara de Bellas Artes hasta este sábado 19 de septiembre.

¿Quién fue Alajos Stróbl?
Alajos Stróbl fue uno de los grandes nombres de la escultura húngara de finales del siglo XIX y comienzos del XX, y su trayectoria estuvo estrechamente ligada al momento en que Budapest adquiría buena parte de la fisonomía monumental que todavía conserva.
Nació el 21 de junio de 1856 en Királylehota, cerca de Liptóújvár, en una región que entonces pertenecía al Reino de Hungría y que hoy se encuentra en Eslovaquia. Procedía de una familia germanófona y aprendió húngaro durante sus años escolares. Su talento artístico lo llevó posteriormente a Viena para completar su formación. En 1881 regresó a Budapest, donde inició una carrera que lo convertiría en una figura central de la escultura monumental húngara de la época.
Su nombre quedó asociado a numerosos monumentos públicos y retratos. Entre sus obras más conocidas figuran la Fuente de Matías, en el Castillo de Buda, la estatua ecuestre de San Esteban, junto al Bastión de los Pescadores, y el monumento a János Arany, frente al Museo Nacional Húngaro.
Pero su influencia fue mucho más allá de las obras que dejó repartidas por Budapest. Desde 1885 hasta 1925 enseñó en la institución que precedió a la actual Universidad Húngara de Bellas Artes y en 1897 fundó la Escuela Superior de Escultura. Su taller estaba en el Epreskert, el histórico jardín de artistas que funcionaba al mismo tiempo como espacio de creación, enseñanza y vida cultural.
Durante aproximadamente cuatro décadas formó a generaciones de escultores. El Magyar Nemzeti Múzeum destaca precisamente esa doble dimensión de Stróbl, una carrera artística de unos cincuenta años y alrededor de cuarenta años dedicados a la enseñanza. Murió en Budapest el 13 de diciembre de 1926.

Un obrero convertido en escultura
La historia de Mihály comienza mucho antes de la impresión 3D.
La figura procede del monumento dedicado al ingeniero y empresario András Mechwart, una de las personalidades vinculadas al desarrollo industrial de Hungría y durante décadas figura central de la empresa Ganz. El monumento fue inaugurado en 1913.
Para las figuras secundarias del conjunto, Stróbl no recurrió a modelos idealizados, sino a trabajadores reales de la fábrica Ganz. Uno de ellos era Pospischil Mihály, obrero de fundición, cuya figura quedó inmortalizada sentado y con el cuerpo inclinado hacia adelante.
Aquella elección da hoy a la obra un interés especial. En medio de la monumentalidad característica de la época, aparece el cuerpo de un trabajador común convertido en parte de la memoria pública de Budapest.
El conjunto original sufrió graves daños durante la Segunda Guerra Mundial. De las figuras que lo componían, la de Pospischil Mihály fue la única que sobrevivió. En 1970 fue instalada en el jardín del antiguo Museo de Fundición Ganz, donde todavía se conserva. Actualmente, debido al cierre del museo, la pieza puede verse únicamente desde el exterior.

Del bronce centenario a 48 piezas impresas en 3D
Cuando comenzó a prepararse la exposición conmemorativa de Stróbl, los organizadores querían llevar la figura original de Mihály hasta la Universidad para que pudiera recibir a los visitantes.
La operación resultó complicada, por lo que apareció una alternativa muy propia del siglo XXI. En lugar de trasladar la escultura centenaria, se decidió digitalizarla y crear una reproducción.
El original fue escaneado para obtener un modelo tridimensional preciso. Después, ese modelo digital fue dividido en piezas que pudieran producirse mediante impresión 3D.
El nuevo Mihály quedó compuesto por 48 elementos. Para fabricarlos se utilizaron seis impresoras durante aproximadamente dos semanas y posteriormente las diferentes partes fueron ensambladas en el Epreskert, precisamente uno de los lugares históricamente vinculados a Stróbl y a su enseñanza.

El resultado recibió después su característico acabado dorado.
Y tampoco el color fue elegido al azar. Según la información de la exposición, el dorado pretende conectar con el carácter ceremonial y espectacular presente en parte del universo artístico de Stróbl, pero también con el propio título de la muestra. El oro funciona aquí como símbolo de permanencia, sabiduría e inmortalidad.
De ahí que un trabajador modelado hace más de un siglo aparezca ahora convertido en una figura de un amarillo dorado intenso, reconstruida mediante tecnologías que Stróbl difícilmente habría podido imaginar.
Cuando una escultura consigue detener el tráfico
La presencia de Mihály en la escalinata tenía una finalidad muy concreta. En vez de limitarse a colocar un cartel para anunciar la exposición, los organizadores querían que fuera una obra relacionada con Stróbl la que llamara la atención de quienes pasaban por Andrássy út. Y funcionó.
La escultora y curadora Apolka Erős contó que, una vez instalada la figura, comenzaron a observar cómo los peatones se detenían, la fotografiaban y miraban hacia el interior de la Universidad. Incluso algunos automovilistas reducían la velocidad para observar aquel inesperado personaje dorado sentado junto a una de las avenidas más conocidas de Budapest.
En cierta manera, Mihály volvió así a desempeñar una función pública. Ya no forma parte del monumento industrial para el que Stróbl lo creó, pero vuelve a establecer una relación directa con la ciudad y con quienes pasan frente a él.

Mucho más que el hombre dorado
Mihály es la parte más visible y fotogénica de la exposición, pero A halhatatlanság forrása va mucho más allá.
La muestra reúne 45 esculturas seleccionadas de un legado compuesto por varios centenares de obras. Proceden, entre otras instituciones, del Museo de Bellas Artes–Galería Nacional Húngara, el Museo de Historia de Budapest, el Museo Municipal de Gödöllő y la Casa Memorial y Colección Róth Miksa.
Entre las piezas hay obras poco exhibidas, trabajos recientemente identificados como creaciones de Stróbl y esculturas que rara vez habían podido contemplarse juntas. La propia Universidad destaca precisamente ese componente de redescubrimiento y revisión de su legado.
El homenaje tampoco se limita a esta exposición. Durante 2026 la Universidad desarrolla todo un Año Jubilar Stróbl 170, que incluye muestras, actividades académicas y una exposición al aire libre en el Epreskert con fotografías históricas, algunas de ellas procedentes de los descendientes del escultor y nunca antes publicadas.
Este 17 de septiembre, precisamente en la recta final de la exposición, la Universidad celebró además una conferencia científica dedicada al 170.º aniversario de su nacimiento y al centenario de su muerte.
Una despedida este sábado
Quienes estén en Budapest todavía tienen tiempo de acercarse a Andrássy út y conocer a este peculiar hombre dorado.
A halhatatlanság forrása permanecerá abierta hasta el sábado 19 de septiembre en la Universidad Húngara de Bellas Artes, Andrássy út 69–71. La entrada es gratuita.
Después terminará la exposición y desaparecerá también esa peculiar imagen de Mihály sentado frente a la Universidad que durante unas semanas se convirtió en una pequeña curiosidad urbana de Budapest.
Y quizá ahí esté precisamente uno de los mayores aciertos del proyecto. Una figura creada hace más de cien años para representar a un trabajador de la fábrica Ganz sobrevivió a una guerra, perdió el monumento al que pertenecía y terminó décadas después digitalizada, reconstruida en 48 piezas y convertida en protagonista de Andrássy út.
Mihály nació en bronce, sobrevivió casi por casualidad y en 2026 regresó fabricado por impresoras 3D. Una forma inesperada, pero bastante eficaz, de demostrar que también el arte puede encontrar nuevas maneras de sobrevivir al tiempo.
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