La nueva presidenta promete independencia frente al gobierno de Péter Magyar y asegura que la institución comenzará muy pronto sus primeras investigaciones. Su elección sigue generando debate, pero ahora llega el momento de comprobar qué puede hacer realmente la oficina creada para localizar y recuperar patrimonio público.

El nombramiento de Anna Unger como presidenta de la nueva Oficina Nacional de Recuperación y Protección de Activos, conocida por sus siglas húngaras NVVH, no ha pasado inadvertido en Hungría.
Desde que su candidatura comenzó a tomar fuerza surgieron preguntas sobre su formación, sobre el procedimiento utilizado para seleccionarla y, sobre todo, sobre si una politóloga era la persona adecuada para dirigir una institución que tendrá que entrar en uno de los terrenos más delicados de la nueva etapa política húngara.
El Parlamento terminó eligiéndola el 28 de agosto por 137 votos a favor, siete en contra y una abstención. Junto a ella fue nombrada Katalin Tasnády, fiscal de la Fiscalía Central de Investigación, como vicepresidenta encargada precisamente del área investigativa.
Ambas asumieron sus cargos el 1 de septiembre y sus mandatos tendrán una duración de seis años.
Una elección que provocó dudas
La designación de Anna Unger había estado precedida por una discusión bastante intensa.
Parte de las críticas se concentró en que no se trata de una fiscal ni de una jurista dedicada profesionalmente a perseguir delitos económicos. Unger es politóloga, profesora e investigadora y durante años se ha ocupado del estudio de la corrupción, el funcionamiento de las instituciones y la captura del Estado.
La propia estructura que comienza a diseñarse parece responder, al menos parcialmente, a esa objeción.
Unger ha explicado que la oficina podría llegar a tener alrededor de 150 empleados y que aproximadamente la mitad trabajará directamente en investigaciones.
Buena parte de esos especialistas procederían de la Fiscalía, la Policía y la Administración Nacional de Impuestos y Aduanas, la NAV.
El área investigativa estará en manos de Katalin Tasnády, cuya responsabilidad será organizar los equipos que deberán rastrear operaciones, contratos y posibles activos susceptibles de recuperación.
Ni Robin Hood ni Sherlock Holmes
Anna Unger ha intentado aclarar también qué entiende ella por su propio papel.
En una entrevista con el programa Házon Kívül de RTL utilizó una comparación bastante gráfica. La presidenta de la oficina, dijo, no será una especie de Robin Hood vestido de Sherlock Holmes que personalmente investigará los casos y después confiscará los bienes.
Su responsabilidad será construir una institución que prácticamente comienza desde cero, organizar los equipos profesionales que trabajarán bajo las diferentes vicepresidencias y garantizar que puedan hacerlo sin interferencias externas.
Es precisamente en ese punto donde Unger lanzó una de las frases que más comentarios ha provocado desde su nombramiento.
“Que no me llame ni Péter Magyar ni nadie más”
Cuando RTL le preguntó hasta qué punto el gobierno podría influir sobre la nueva institución, Unger fue categórica: “Que no me llame ni Péter Magyar ni nadie más”, respondió.
Según explicó, si el propio primer ministro tuviera conocimiento de un caso que considerara sospechoso tendría que presentar una denuncia o comunicación ante la oficina como cualquier otro ciudadano. Esa información sería evaluada de acuerdo con los mismos procedimientos utilizados para el resto de los casos.
Péter Magyar respondió poco después en los comentarios de la publicación de Telex.hu en Facebook con una frase breve y algo irónica: “Tampoco pensaba hacerlo”.
El intercambio puede parecer anecdótico, pero toca uno de los puntos centrales para el futuro de la nueva institución.
La NVVH fue creada después de la llegada de TISZA al gobierno y su misión está directamente vinculada a una de las grandes promesas de la nueva etapa política húngara, investigar qué ocurrió con el patrimonio público durante los años anteriores y tratar de recuperar aquellos bienes que puedan haber terminado ilegalmente en manos privadas.
Para tener credibilidad, la oficina deberá demostrar que no se convierte simplemente en un instrumento del nuevo gobierno contra el anterior.
Las primeras investigaciones
Unger sostiene que ya existen posibles casos sobre los cuales trabajar, aunque ha evitado identificarlos porque hacerlo podría perjudicar futuras investigaciones.
Una de las primeras áreas será relativamente sencilla desde el punto de vista jurídico. Se revisarán contratos firmados durante el último año que todavía puedan ser impugnados por posible sobreprecio u otras irregularidades.
La oficina también pretende desarrollar una metodología de riesgo para detectar operaciones sospechosas relacionadas con el patrimonio público sin depender exclusivamente de denuncias ciudadanas.
Además podrá solicitar determinadas investigaciones que actualmente están en manos de la Policía o de la Fiscalía y continuar directamente con ellas.
Si la organización de los equipos avanza según lo previsto, las primeras investigaciones podrían comenzar durante la segunda mitad de septiembre.
Cuánto dinero podría estar en juego
El tamaño del patrimonio que eventualmente podría investigarse y recuperarse resulta todavía difícil de determinar.
Anna Unger ha mencionado estimaciones que sitúan la pérdida de patrimonio público durante el sistema anterior entre 20 y 60 billones de forintos húngaros.
Al cambio aproximado actual, estaríamos hablando de entre 64.000 y 192.000 millones de dólares.
Son cifras enormes y deben manejarse con cautela.
La propia Unger ha reconocido que por ahora se trata de estimaciones y no de cantidades demostradas como patrimonio ilegalmente apropiado.
Una de las tareas de la nueva oficina será precisamente determinar cuánto patrimonio se perdió realmente, cuánto puede identificarse, cuánto puede recuperarse utilizando los instrumentos legales disponibles y qué responsabilidades pueden establecerse.
Ahí estará probablemente la verdadera medida del éxito de la NVVH.
La prueba comienza ahora
La polémica sobre si Anna Unger era o no la candidata adecuada ha acompañado el nacimiento de la institución y seguramente continuará durante algún tiempo.
También habrá que observar cómo funciona la relación entre ella y Katalin Tasnády, especialmente después de que Péter Magyar señalara públicamente que la vicepresidenta investigativa sería posiblemente una de las dirigentes más importantes de la nueva oficina.
Unger no pareció incomodarse demasiado con esa afirmación.
Reconoció que, desde cierto punto de vista, Tasnády tendrá efectivamente una de las responsabilidades fundamentales porque de su trabajo dependerá la cantidad y la calidad de las investigaciones.
Esto permite mirar la discusión sobre el perfil de Anna Unger desde otra perspectiva.
Quizás la cuestión no sea solamente si la institución necesitaba al frente a una fiscal experimentada. También puede preguntarse si necesitaba a alguien encargado de construir y proteger una organización mientras fiscales, policías, investigadores financieros y especialistas jurídicos realizan el trabajo operativo.
La respuesta no llegará inmediatamente. La NVVH tendrá que demostrar que posee investigadores capaces, mecanismos jurídicos eficaces y, especialmente, independencia suficiente para seguir las investigaciones allí donde conduzcan.
Las primeras pesquisas podrían comenzar ya durante la segunda mitad de septiembre. A partir de entonces llegará el momento de pasar de las declaraciones a los expedientes. Y será entonces cuando pueda saberse si la nueva Oficina de Recuperación de Bienes se convierte en uno de los instrumentos fundamentales de la transformación política iniciada en Hungría o simplemente en otra institución acompañada de enormes expectativas difíciles de cumplir.
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